Primero hay que entender qué está pasando. Muchas personas llegan a consulta con un síntoma, no con un diagnóstico — y ese es exactamente el punto de partida correcto.
Es identificar qué está ocurriendo y qué información necesitamos para entenderlo correctamente.
Ronquidos, pausas al respirar, despertares frecuentes, insomnio o cansancio al despertar pueden ser señales de un trastorno del sueño. La evaluación identifica si el problema está en la calidad del sueño, la respiración, los horarios o una condición médica.
Conocer atención para el sueñoDepresión, ansiedad, cambios de ánimo, obsesiones, experiencias traumáticas, consumo de sustancias o dificultades de atención pueden requerir evaluación especializada, además de TDAH, TOC, TEPT y adicciones.
Conocer atención en salud mentalProblemas de atención, conducta, aprendizaje, desarrollo, lenguaje, sueño o epilepsia pueden necesitar evaluarse desde distintas áreas: neuropediatría, paidopsiquiatría, psicología, neuropsicología y odontopediatría.
Conocer atención infantilAlgunos pacientes llegan con un diagnóstico previo, una indicación médica o un tratamiento que no está dando la respuesta esperada. En estos casos, la atención puede comenzar directamente desde el estudio o tratamiento correspondiente.
Conocer estudios y tratamientosAlgunos problemas se resuelven dentro de una sola especialidad. Otros necesitan integrar diferentes perspectivas dentro de la misma ruta de atención.
Un problema respiratorio durante el sueño puede requerir Medicina del Sueño, Otorrinolaringología y una polisomnografía.
Una dificultad de atención o conducta en un niño puede necesitar evaluación neuropediátrica, paidopsiquiátrica, psicológica o neuropsicológica.
Un problema de salud mental puede requerir psiquiatría, psicoterapia, evaluación neuropsicológica, farmacogenómica o tratamientos especializados.
Cada paciente es atendido desde el área que corresponde a su necesidad y, cuando el caso lo requiere, las especialidades se conectan entre sí.
Insomnio, apnea obstructiva, ronquido, somnolencia excesiva, parasomnias y síndrome de piernas inquietas.
Depresión, ansiedad, trastornos del estado de ánimo, TOC, TEPT, adicciones y TDAH.
Procesos emocionales, cognitivos y conductuales; atención, memoria y aprendizaje.
TDAH, epilepsia, neurodesarrollo, conducta, aprendizaje y sueño en niños y adolescentes.
Vías respiratorias superiores relacionadas con ronquido y apnea del sueño.
Atención odontológica especializada para niños, integrada con otras áreas cuando el caso lo requiere.
Polisomnografía, farmacogenómica y evaluaciones que aportan información clínica objetiva.
Atención médica, farmacológica, psicoterapia y neuropsicológica según cada diagnóstico.
Hay problemas que no pueden comprenderse únicamente por lo que el paciente siente o recuerda. Estos estudios permiten observar, medir y relacionar información clínica que no siempre es visible en consulta.
Registra durante una noche la actividad cerebral, respiración, oxigenación, ritmo cardiaco y movimientos del cuerpo para identificar apnea y otros trastornos del sueño.
Conocer la polisomnografía →Analiza información genética que puede influir en la forma en que el organismo procesa y responde a determinados medicamentos, para personalizar decisiones de tratamiento.
Conocer la prueba →Según el caso, pueden ser necesarios otros estudios del sueño, evaluaciones neuropsicológicas o pruebas especializadas para llegar a un diagnóstico.
Conocer estudios →Un estudio tiene valor cuando responde una pregunta clínica. Medir por medir no mejora un diagnóstico — saber qué información necesitamos encontrar, sí.
El tratamiento depende del diagnóstico, los antecedentes y la condición actual. Puede incluir atención médica, tratamiento farmacológico, psicoterapia, intervención neuropsicológica y alternativas especializadas.
Tratamiento no invasivo utilizado en determinados padecimientos psiquiátricos y neurológicos, después de una valoración médica.
Mantiene abiertas las vías respiratorias durante el sueño en pacientes con apnea obstructiva, cuando existe indicación clínica.
Farmacológico, psicoterapia, intervención neuropsicológica u otras estrategias, de forma individual o combinada.
La atención puede comenzar con una valoración clínica, continuar con estudios cuando son necesarios y, a partir de la información obtenida, definir el diagnóstico y el tratamiento. Si el caso involucra distintas áreas, éstas se integran durante el proceso.
Primera consulta clínica para entender el motivo de consulta.
Identificar qué información hace falta para explicar lo que ocurre.
Estudios o evaluaciones cuando el caso lo requiere.
Plan de tratamiento ajustado al diagnóstico y al paciente.
Acompañamiento continuo conforme evoluciona el caso.
Cada paciente es atendido desde el área que corresponde a su necesidad y, cuando el caso requiere una visión más amplia, las especialidades, estudios y tratamientos se integran dentro del mismo centro.
Dormir mal, vivir con ansiedad, cambiar repetidamente de medicamento o preocuparse por el comportamiento de un hijo no son diagnósticos: son el punto de partida.